del discofórum Kafea eta Galletak.

The Velvet Underground. “El tercer álbum”.

Aparecido en marzo de 1969.

He aquí el tercer álbum de The Velvet Underground, llamado simplemente y sin más añadiduras “The Velvet Underground”, (un título ciertamente extravagante para ser el tercer álbum de una banda). Veamos la portada: Una instantánea sobre fondo negro tomada en los divanes de la famosa Factory de Andy Warhol. Doug Yule y Moe Tucker miran a Lou Reed. Este exhibe sonriente una revista en sus manos. Sterling Morrison parece ausente mirando fuera de plano. Esto es significativo. Luego veremos porqué.

Fijemos  lugar y  tiempo: En noviembre de 1968 daban comienzo las sesiones de grabación de este disco en los estudios TT&G de Sunset Boulevard, en la ciudad de Los Angeles. Sólo unos meses antes, los constantes conflictos de soberbia y excesivo amor propio entre Lou Reed y John Cale habían acabado por desmembrar la gloriosa formación original. No hay acuerdo en si fue Cale quien se marchó dando un portazo, o fue Reed quien despidió a Cale. De cualquier modo, la leyenda dorada de los primeros tiempos había terminado. Reed ha tomado ahora el control absoluto del grupo y sustituye al irreemplazable John Cale por un amigo bostoniano que habían conocido en sus giras anteriores: Doug Yule.

El ambiente en las sesiones de grabación es un remanso de paz. Quizá demasiada paz. Para colmo, el destino ha querido que la parafernalia electrónica de ruido y distorsiones les haya sido robada en el aeropuerto entre New York y Los Angeles. En cuanto al equipo humano, la buena de Moe Tucker permanece fiel a Reed aunque no sin reparos y con algo de mala conciencia. Sterling, que todavía no ha perdonado a Lou la usurpación de facto, opta por una actitud de indiferencia apática. El repertorio ya no le emociona y empieza a pensar en terminar su carrera universitaria en el City College, abandonada unos años antes. Doug Yule es un recién llegado, un buen chico inocente que no sabe de qué va la cosa. Después que desapareciera el glamour de la primera época con Warhol, Nico, The factory, etc,  ya sólo eran Lou Reed y su grupo de acompañamiento.

Veamos ahora el repertorio grabado. A primera vista se trata de una colección de baladas agridulces entre las que destaca una rara avis genuinamente velvetiana como es la titulada “The Murder Mystery”. Hay quien dice que este álbum es una obra conceptual. Una ópera urbana acerca de la redención y el resurgimiento. Bien: hay que poner en duda esta teoría. Desde el origen de los tiempos, la crítica de arte encuentra obras conceptuales hasta por debajo de la cama. Lo más probable es que Lou Reed simplemente escribiera todos estos temas por la misma época y bajo un mismo sentimiento, o más exactamente, bajo una misma resaca de anfetaminas y ginebra.

“Candy Says” abre el álbum. Se trata de una de las baladas más famosas de Reed. Una joya de sensibilidad y un texto realmente inquietante y enfermizo que tiene por protagonista a una pobre chica lunática. Le sigue la enérgica “What Goes On”, que contiene uno de los solos de guitarra “no virtuosa” más impactantes de la historia del Rock. El hilo de la letra no deja lugar a dudas: Aquí hay dos adictos a la anfetamina Dios sabe haciendo qué cosas. Tercera canción: “Some Kinda Love”. Una secuencia Re-Sol interminable muy clásica de Velvet. Aquí Reed canta con toda el vicio y la lujuria de que es capaz ciertas ambigüedades nada claras que acaso tengan que ver con la práctica del sexo “frío” puramente psicológico, habitual entre drogadictos.

Vamos con la cuarta: “Pale Blues Eyes”, otro clásico a través de los tiempos. Una de las mejores baladas de El Terciopelo Subterráneo hechas para demostrar cuánto hay de verdad en el precepto “Menos es más”. Una maravilla de canción cuya letra arranca con unos primeros versos no exentos de humorismo.

La siguente canción es realmente chocante para un grupo como fue The Velvet. Se titula “Jesus” y es una invocación explicitamente cristiana a encontrar el camino de la virtud y la iluminación. Ellos, que apenas dos años antes exhibían látigos sadomasoquistas, vomitaban dexedrina y despreciaban todo aquello que sugiriese el rollo de comunión hippy. Cuestiones al margen es una composición admirable y tan moderna que parece escrita ayer mismo.

Seguimos adelante: “Beginning To See The Light” es un Lou Reed en estado de gracia. Euforia drogota y diversión algo gamberra para una secuencia de acordes de ritmo irresistible. Acaso revele segundas intenciones maliciosas el hecho de que este libertino e irónico “Beginning To See The Light”  vaya detrás del compungido “Jesus” de los descarriados. .. Nunca lo sabremos.

Siguiente tema que hace el número siete en el listado:  “I`m Set Free”. Una composición inspiradísima en el tono solemne clásico de la Velvet donde Maureen Tucker demuestra su maestría tocando los tambores. En cuanto a la letra, de nuevo la redención, la nueva vida: La que todo yonki se promete para sí en sus horas bajas y jamás logra cumplir. Nada transcendente: sólo eso, lo de siempre.

El siguiente tema propone cuatro únicos versos maravillosos y apenas dos minutos de música. “That`s the Story of My Life” es la quintaesencia del álbum, donde contrasta la tonalidad algo payasa de los acordes con la afligida interpretación de Lou Reed. Una perita en dulce en todo caso.

La penúltima canción es “The Murder Mystery”. Ya hemos hablado al principio de ella. La más genuinamente Velvet en cuanto a su tono experimental y vanguardista. Aún hoy en día sorprende la audacia del planteamiento: Sobre un ritmo trepidante dos voces simultáneas, completamente balanceadas, escupiendo palabras sin cesar: La de Lou Reed a la izquierda del estéreo y la de Sterling Morrison a la derecha. Cada uno de ellos encastillado en su propio ritmo y, lo que es más importante, en su propio discurso, solo interrumpido por partes “b” en las que Moe Tucker y Doug Yule, también de manera superpuesta, entonan sus versos correspondientes. Una verdadera locura. La canción termina con una coda progresiva de casi tres minutos, momento cumbre de la historia del arte abstracto, punto crucial de inflexión para las disciplinas de vanguardia, ejemplo inmortal y glorioso que pone de manifiesto hasta dónde puede llegar, hablando en términos artísticos, el desquiciamiento humano. En definitiva, una experiencia inolvidable que uno quisiera no haber escuchado nunca para poder escuchar por vez primera.

Para terminar, el disco no podía clausurarse sino con la entrañable y ya clásica “After Hours” cantada con toda la inocencia del mundo por Maureen Tucker. Una pieza mínima con cierto aire de music-hall no tan cándida como a primera vista parece. Y es que con The Velvet Underground siempre pasa eso. Que las apariencias engañan.

Ojalá The velvet Underground les guste a ustedes tanto como me gustó a mí cuando aún vivía el que suscribe en la casa familiar, con sus hermanos y sus padres, en los años que jamás regresarán.

Rafael Berrio.

Donostia, noviembre de 2011.

A Iñaki Berrio e Ignacio Juliá,

en señal de gratitud y reconocimiento.

Este escrito contiene ciertos datos y citas extraídos del libro “Feed-Back, La leyenda de los Velvet Underground”, escrito por Ignacio Juliá y editado por Ruta 66 ediciones,1986.