del discofórum Kafea eta Galletak.

The Velvet Underground. “El tercer álbum”.

Aparecido en marzo de 1969.

He aquí el tercer álbum de The Velvet Underground, llamado simplemente y sin más añadiduras “The Velvet Underground”, (un título ciertamente extravagante para ser el tercer álbum de una banda). Veamos la portada: Una instantánea sobre fondo negro tomada en los divanes de la famosa Factory de Andy Warhol. Doug Yule y Moe Tucker miran a Lou Reed. Este exhibe sonriente una revista en sus manos. Sterling Morrison parece ausente mirando fuera de plano. Esto es significativo. Luego veremos porqué.

Fijemos  lugar y  tiempo: En noviembre de 1968 daban comienzo las sesiones de grabación de este disco en los estudios TT&G de Sunset Boulevard, en la ciudad de Los Angeles. Sólo unos meses antes, los constantes conflictos de soberbia y excesivo amor propio entre Lou Reed y John Cale habían acabado por desmembrar la gloriosa formación original. No hay acuerdo en si fue Cale quien se marchó dando un portazo, o fue Reed quien despidió a Cale. De cualquier modo, la leyenda dorada de los primeros tiempos había terminado. Reed ha tomado ahora el control absoluto del grupo y sustituye al irreemplazable John Cale por un amigo bostoniano que habían conocido en sus giras anteriores: Doug Yule.

El ambiente en las sesiones de grabación es un remanso de paz. Quizá demasiada paz. Para colmo, el destino ha querido que la parafernalia electrónica de ruido y distorsiones les haya sido robada en el aeropuerto entre New York y Los Angeles. En cuanto al equipo humano, la buena de Moe Tucker permanece fiel a Reed aunque no sin reparos y con algo de mala conciencia. Sterling, que todavía no ha perdonado a Lou la usurpación de facto, opta por una actitud de indiferencia apática. El repertorio ya no le emociona y empieza a pensar en terminar su carrera universitaria en el City College, abandonada unos años antes. Doug Yule es un recién llegado, un buen chico inocente que no sabe de qué va la cosa. Después que desapareciera el glamour de la primera época con Warhol, Nico, The factory, etc,  ya sólo eran Lou Reed y su grupo de acompañamiento.

Veamos ahora el repertorio grabado. A primera vista se trata de una colección de baladas agridulces entre las que destaca una rara avis genuinamente velvetiana como es la titulada “The Murder Mystery”. Hay quien dice que este álbum es una obra conceptual. Una ópera urbana acerca de la redención y el resurgimiento. Bien: hay que poner en duda esta teoría. Desde el origen de los tiempos, la crítica de arte encuentra obras conceptuales hasta por debajo de la cama. Lo más probable es que Lou Reed simplemente escribiera todos estos temas por la misma época y bajo un mismo sentimiento, o más exactamente, bajo una misma resaca de anfetaminas y ginebra.

“Candy Says” abre el álbum. Se trata de una de las baladas más famosas de Reed. Una joya de sensibilidad y un texto realmente inquietante y enfermizo que tiene por protagonista a una pobre chica lunática. Le sigue la enérgica “What Goes On”, que contiene uno de los solos de guitarra “no virtuosa” más impactantes de la historia del Rock. El hilo de la letra no deja lugar a dudas: Aquí hay dos adictos a la anfetamina Dios sabe haciendo qué cosas. Tercera canción: “Some Kinda Love”. Una secuencia Re-Sol interminable muy clásica de Velvet. Aquí Reed canta con toda el vicio y la lujuria de que es capaz ciertas ambigüedades nada claras que acaso tengan que ver con la práctica del sexo “frío” puramente psicológico, habitual entre drogadictos.

Vamos con la cuarta: “Pale Blues Eyes”, otro clásico a través de los tiempos. Una de las mejores baladas de El Terciopelo Subterráneo hechas para demostrar cuánto hay de verdad en el precepto “Menos es más”. Una maravilla de canción cuya letra arranca con unos primeros versos no exentos de humorismo.

La siguente canción es realmente chocante para un grupo como fue The Velvet. Se titula “Jesus” y es una invocación explicitamente cristiana a encontrar el camino de la virtud y la iluminación. Ellos, que apenas dos años antes exhibían látigos sadomasoquistas, vomitaban dexedrina y despreciaban todo aquello que sugiriese el rollo de comunión hippy. Cuestiones al margen es una composición admirable y tan moderna que parece escrita ayer mismo.

Seguimos adelante: “Beginning To See The Light” es un Lou Reed en estado de gracia. Euforia drogota y diversión algo gamberra para una secuencia de acordes de ritmo irresistible. Acaso revele segundas intenciones maliciosas el hecho de que este libertino e irónico “Beginning To See The Light”  vaya detrás del compungido “Jesus” de los descarriados. .. Nunca lo sabremos.

Siguiente tema que hace el número siete en el listado:  “I`m Set Free”. Una composición inspiradísima en el tono solemne clásico de la Velvet donde Maureen Tucker demuestra su maestría tocando los tambores. En cuanto a la letra, de nuevo la redención, la nueva vida: La que todo yonki se promete para sí en sus horas bajas y jamás logra cumplir. Nada transcendente: sólo eso, lo de siempre.

El siguiente tema propone cuatro únicos versos maravillosos y apenas dos minutos de música. “That`s the Story of My Life” es la quintaesencia del álbum, donde contrasta la tonalidad algo payasa de los acordes con la afligida interpretación de Lou Reed. Una perita en dulce en todo caso.

La penúltima canción es “The Murder Mystery”. Ya hemos hablado al principio de ella. La más genuinamente Velvet en cuanto a su tono experimental y vanguardista. Aún hoy en día sorprende la audacia del planteamiento: Sobre un ritmo trepidante dos voces simultáneas, completamente balanceadas, escupiendo palabras sin cesar: La de Lou Reed a la izquierda del estéreo y la de Sterling Morrison a la derecha. Cada uno de ellos encastillado en su propio ritmo y, lo que es más importante, en su propio discurso, solo interrumpido por partes “b” en las que Moe Tucker y Doug Yule, también de manera superpuesta, entonan sus versos correspondientes. Una verdadera locura. La canción termina con una coda progresiva de casi tres minutos, momento cumbre de la historia del arte abstracto, punto crucial de inflexión para las disciplinas de vanguardia, ejemplo inmortal y glorioso que pone de manifiesto hasta dónde puede llegar, hablando en términos artísticos, el desquiciamiento humano. En definitiva, una experiencia inolvidable que uno quisiera no haber escuchado nunca para poder escuchar por vez primera.

Para terminar, el disco no podía clausurarse sino con la entrañable y ya clásica “After Hours” cantada con toda la inocencia del mundo por Maureen Tucker. Una pieza mínima con cierto aire de music-hall no tan cándida como a primera vista parece. Y es que con The Velvet Underground siempre pasa eso. Que las apariencias engañan.

Ojalá The velvet Underground les guste a ustedes tanto como me gustó a mí cuando aún vivía el que suscribe en la casa familiar, con sus hermanos y sus padres, en los años que jamás regresarán.

Rafael Berrio.

Donostia, noviembre de 2011.

A Iñaki Berrio e Ignacio Juliá,

en señal de gratitud y reconocimiento.

Este escrito contiene ciertos datos y citas extraídos del libro “Feed-Back, La leyenda de los Velvet Underground”, escrito por Ignacio Juliá y editado por Ruta 66 ediciones,1986.

1971 en Libertad-8.

Jueves, 5 de mayo de 2011.

Despierto a buena hora traspasado suavemente por el trajín de la calle. La habitación es amplia e inmaculada. Si no fuera por las dimensiones del lecho casi se diría que monacal en su blanca sobriedad.

Tras las persianas el día luce espléndido sobre Madrid con su clásico cielo transparente. Tengo toda la mañana para mí y sólo una obligación mínima: Encontrarme en algún sitio con mi agente para recoger la guitarra española con la que tocaré esta noche.

Ya desayunando me he encontrado algo fatigado, en baja forma. Una ligera jaqueca a pesar de haberme acostado más o menos sereno y haber dormido más de siete horas. Temo una vez más que me haya entrado el síndrome de Madrid. Y efectivamente: Quizá la contaminación, o la sequedad del aire, o el factor psicosomático, quién sabe. Lo único evidente es que noto los síntomas de una mini-gripe en ciernes.

En el corazón de este plácido barrio de Chamberí, en la plaza de Olavide, he buscado una farmacia donde poder comprar maniáticamente aspirinas genéricas y Rinomar. Algo que no me puede faltar nunca en cuanto dejo atrás los verdes valles de mi Guipúzcoa. Haciendo la cola de la botica he contemplado una escena realmente interesante en términos sociológicos entre las tres farmacéuticas y otras tantas señoras achacosas de la tercera edad. ¡Y qué simpatía a raudales, con cuánto cariño se trata aquí a la gente! ¡Qué pueblo tan admirable el madrileño!

Mi cita con Sergio se fija en la calle Sevilla, en pleno centro de la ciudad. Buscando el hotel Asturias he recordado de pronto que hace 25 años yo estuve en ese hotel con Shanti Ugarte. No fue en la gira del Donosti-Sound, porque entonces nos alojamos en el hostal Trevinka, donde conocían a Ugarte…

¿Sería en algún viaje posterior, cuando intentaba vender nuestro primer disco a la Wea? No recuerdo las circunstancias pero estoy seguro de que era este preciso hotel. Tengo que consultar, me digo, con José Manuel Puerto, que tiene mejor memoria que yo.

En la recepción he preguntado por mi agente y el nombre que pronuncio ha sido oído por dos personas que en ese momento cruzaban el hall del hotel con sus guitarras al hombro. Con un acento marcadamente gallego me confirman que Sergio está a punto de bajar. Son dos de los músicos de Luar na Lubre sospecho.

Por las barbas y medias melenas que lucen no se puede negar que desmientan los modos de la “folk-music”. Y hacen bien. Al fin y al cabo ellos son más verídicos que nosotros, los hijos del rock, copiando siempre a los “negritos de los Estados Unidos” como dice Plá en un libro suyo de los años 50 que estoy leyendo estos días.

Aunque compartimos agencia de management, ellos, obviamente, no me conocen de nada y yo mismo tengo que hacer mi propia introducción. En estos casos echo de menos no llevar encima una tarjeta comercial impresa.

-Rafael Berrio, encantado. Toco esta noche en un café de Chueca y Sergio tuvo la amabilidad de traerme la guitarra desde San Sebastián. Vengo a buscarla.       -Y continúo para romper el hielo:

-¿Vosotros seréis Luar na lubre, verdad? Ya sé que tenéis bolo también esta noche en La Vaguada…

-¿Y cómo lo has sabido? -me responde suavemente uno de ellos.

La intentona de comunicación resulta un callejón estrecho así que decido retirarme discretamente y esperar en un rincón del foyer.

Finalmente baja nuestro común factótum sonriendo despreocupadamente como de costumbre. Apenas toca el suelo con los pies y parece que flotara andando. Luce estrafalariamente una chapa de Bob Esponja en la cazadora y la camiseta se le sale revuelta por entre el jersey. Tan corto éste, o tan bajo el pantalón, que se le adivina la goma estampada del calzoncillo en la cintura. Genio y figura, y así siempre.

De nuevo en Chamberí, con la guitarra ya en mi poder, me dispongo a comer en una taberna familiar muy próxima a la casa donde estoy alojado y que ya conozco bien de otras veces.

La tabernita es muy estrecha, con una alta barra de madera oscurecida por los años. A lo largo de la pared contraria hay tres mesas muy chicas forradas con un hule algo fatigado, con dibujos de grandes amebas color ocre. En lo alto, por encima de la puerta, se alza un televisor que ya ha perdido su nitidez. Nada del otro mundo. España pura.

El marido atiende la barra. Su señora sale y entra de la diminuta cocina con los platos. Solo estamos los tres y yo soy el único cliente, el centro de las atenciones. Por ocho euros el menú del día no se puede pedir más.

Eso sí, me doy cuenta que al parroquiano que entra más tarde, cuando yo casi estoy a punto de levantar la mesa, le han enumerado varios platos primeros, mientras que a mí me han engatusado obligándome a comer la ensalada campera sin otra opción como entrada.

De cualquier manera no estaba nada mal aliñada, con su tomate fresco, su atún y sus judías blancas.

-¡Cóbrese cuando pueda, jefe!

Reuniendo montañitas de migas de pan mientras espero a que me traigan los cambios oigo distraidamente en el telediario las diversas reacciones al fallo del Constitucional acerca de Bildu, o de Sortu, y de sus consecuencias negativas, según declara Esperanza Aguirre. Estando como estoy en Madrid me alegra ver a alguien tan local y tan del paisaje como es Esperanza Aguirre.

Si hubieran mostrado por la tele: “Rehabilitación de la Plaza de Neptuno”, o bien, “Cortado el acceso a la M30”, me hubiera alegrado lo mismo, haciéndome la ficción de ser un madrileño más.

Cruzo la calle a paso ligero en dirección al apartamento, tentado de echar a correr, con el fin de que no se me pase la somnolencia que de forma automática me entra a estas horas de la siesta. Es cuestión de 25 minutos.

No estoy muy seguro pero creo que he descabezado un sueñecito con éxito. Es algo fuera de lo común en un día de concierto y estoy contento por ello. Tengo varias horas por delante para preparar el repertorio y todos los rituales neuróticos que han de efectuarse antes de salir hacia el escenario.

En la gran mesa de trabajo de esta casa despliego los folios con las letras de las canciones fotocopiadas a doble cuartilla, esto es, tamaño A3 apaisada.

Primero reviso el tono de las canciones para evitar que se repitan en dos consecutivas. No se puede acabar una canción en Mi y empezar la siguiente en… Mi. Es imperdonable y además sería estúpido.

Recorto 15 papelitos en donde escribo el título de una canción en cada uno de ellos. Luego los voy combinando sobre la mesa pensando en un orden. Primera, segunda… Vuelvo a empezar.

Realmente me doy cuenta que es una tontería y una manera de matar este tiempo crítico.

Cuando tengo claro el orden voy colocando los folios como si de un cuaderno se tratara, encolando con Prit removible el dorso de las hojas entre sí. Cualquiera que me viera podría pensar que soy un repetidor de octavo de EGB, ya bien talludito, haciendo su examen final de trabajos manuales.

Saco las cejillas. Llevo siempre dos por si ocurriera que pierdo una de ellas, lo cual jamás ocurre. Me asalta la duda si en tal canción o tal otra debo colocar la cejilla o por el contrario el tono es natural. Me tranquilizo pensando y comprobando que en realidad lo tengo escrito en cada una de ellas . Aquí está, bien grande: “Cejilla en 2”, o bien: “Cejilla en Fa Sost”, o bien: “Natural”. Está escrito con rotulador rojo en el margen izquierdo de cada hoja.

Compruebo que las pilas del afinador y del pequeño previo de la guitarra estén en marcha. Vuelvo a afinar la guitarra mientras pienso angustiosamente que acaso voy a fallar en el cambio, o en la parte B de tal canción y entonces ensayo esa parte tan deliberadamente que el fallo es imposible.

Después del tercer té, me acuerdo de mi camisa negra de seda. La saco de la bolsa de viaje y ya comprendo que su estado es lamentable. Busco la plancha por la casa.

Plancho la camisa. Sólo la parte que se ve porque planchar es una labor endiablada. Es una vergüenza que no haya conseguido a mis años tener un asistente, un secretario cuando menos para estos casos. ¿No lo tiene acaso… Julio Iglesias? ¿Se plancha él mismo las camisas? Lo dudo mucho.

Vuelvo corriendo a la guitarra para asegurarme de que me acuerdo de una introducción o de cualquier otra cosa nimia.

Necesito un trago y no quisiera empezar a beber tan pronto, que luego ya se sabe. De nuevo me aspiro a golpes secos dos o tres rociadas de Rinomar como consolándome. No coloca nada pero al menos me hace recordar los revolcones entre las olas de la Zurriola cuando era un niño.

Despliego la lamparilla doble de atril que ha de alumbrarme el cuaderno de letras. Muchas veces lo he pasado mal quedándome a oscuras en un concierto y eso me hace sudar en sueños. Me aseguro que esté bien de pilas y que iluminen bien las cuatro lamparillas que tiene. Vuelvo a guardarla. Así se me pasan las horas.

La tarde va cayendo. La hora se acerca y el corazón me da un vuelco de vez en cuando. Veo por el balcón pasar un ciudadano cualquiera y sin quererlo siento una sensación de envidia. ¿Por qué no seré yo ése señor que camina tan tranquilo, quizá en dirección a su casa, o al café de costumbre?¿Por qué me habré metido yo en este lío del entretenimiento y el espectáculo? ¿No podría ser yo un hombre corriente y moliente sin pretensiones de visibilidad como aquél?

Mentalmente voy premeditando el taxi que he de tomar, si tendré cambios o sólo un billete; la llegada al escenario, lo que pediré para beber… Sin duda un vaso de whisky con agua… no, mejor un vaso de vino de Oporto, es más sofisticado. Me vuelvo a tumbar un rato en la cama, agotado de los nervios. Retomo el libro de Plá que estaba leyendo y el pensamiento se me escurre entre las líneas. Cierro los ojos. Pienso en el público que tendré hoy. ¿30?, ¿40 personas?

No quiero ni pensar lo que debe suponer salir ante un auditorio de miles. ¡Miles de personas! ¡Qué horror! Aunque… bien pensado, acaso venga a ser lo mismo, no lo sé. Ojalá no lo sepa nunca.

Cómo iba yo a saber, o las desventuras de ser actor.


Y todo ello por mi culpa. Se me ocurrió proponerle a la Monge un videoclip para mi álbum. Me pilló de buen humor, distendidamente, acodado en una barra, claro. ¿Querrías hacer un videoclip para ilustrar alguna canción del nuevo álbum que voy a editar en noviembre?

La Monge le pega a todo. Es poeta, compone y canta, hace audiovisuales vanguardistas, fotografías, collage; hace, incluso, deporte… Ella eligió la canción “Cómo iba yo a saber”. Yo le dí el visto bueno sin saber en dónde me metía. Distendidamente… con el vaso en la mano…

Pasó un tiempo. Recuerdo el primer encuentro al que me citó, mantenido en el café Gora-Bera, y reconozco que la Monge me abrumó aquella mañana. Llegó como quien va a dictar una cátedra. Con esa resolución femenina tan clásica. Dispuso sobre la mesa un rimero de folios sueltos con anotaciones y me los hizo inspeccionar detenidamente mientras hacía sus comentarios de texto. Colocó encima unos cuadernos con dibujos a modo de cómic con la historia del videoclip ( los cineastas le dan un nombre a esto, ya lo sé) y encima de todo ello cartulinas con diagramas llenos de flechas y acotaciones por encima de las cuales ella volvía a trazar líneas y círculos mientras seguía con su exposición magistral imparable. Allí no había quien posara la taza de café. Debió parecerle poca cosa porque al rato sacó de su bolso una computadora Macintosh y una cámara digital, desplegó todo aquello sobre los papeles y buscó un enchufe en torno a nuestra mesa. Los clientes miraban, (es una ciudad de provincias: no hay costumbre). Con mucho detalle me explicó el guión y las correspondencias alegóricas con la letra de la canción. Yo tenía vacío el estómago y algo de resaca. Hubiera deseado una reunión más liviana y un guión más simple, pero no tuve suerte. La Monge estaba considerando más o menos en serio una canción que es completamente cínica, una canción que es una humorada. Yo no dije nada, primero porque sé que la Monge tiene un criterio y una inteligencia muy sólida y, segundo, porque la opinión del autor es siempre la menos interesante (sin ironía).

Las primeras tomas del rodaje se harían en un barco velero que nos prestarían unos amigos comunes a ambos. La Monge me explicaba, yo resumo: Mi personaje es un lobo estepario que odia la humanidad y sólo cree en la literatura. Este personaje es un encamado, como Onetti. (Ahí empecé a frotarme las manos de gusto) Se pasa todo el día en pijama y vive en un barco velero anclado en mitad de alguna bahía o acaso en alta mar. No se sabe dónde hace la compra ni de qué vive…

No me pareció ninguna mala idea. Incluso la ví simpática y me identifiqué sobremanera con ella. Yo mismo he vivido 5 años en una roulotte felizmente. No hay comparación pero era, casi, casi, hacer un cameo de mi pasado. Nada difícil. Al despedirnos quedamos citados en el Muelle donostiarra (es decir, en el puerto) unos días más tarde, de buena mañana, para aprovechar la luz.

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Los hechos de Segovia.

Septiembre 2007.

acueducto_segoviaMe llaman de la AIE para proponerme un concierto en Segovia. Entiendo que la obra social y cultural de Caja Segovia organiza un mini festival que ellos denominan “otras músicas” y para ello piden grupos que han participado en ediciones anteriores de “Artistas en Ruta”. (Me pregunto qué pinta una caja de ahorros organizando eventos rock. Abriendo sus salones para que entren las huestes contraculturales). Después de saber la cifra que se nos pagará he accedido a dar el concierto, no obstante las incongruencias. Pelillos a la mar.

He llamado a Yone para que toque conmigo, quizá por última vez en esta gira. He llamado a mi base rítmica para que organizen sus agendas.

5 de octubre de 2007. Viernes.

Gema nos lleva en la Peugeot J5. Igor y Toni viajan en el asiento posterior. Mi perro Lento junto a la carga de amplificadores. Si viniera un ladrón es seguro que Lento no se molestaría en dar un solo ladrido. En realidad jamás le hemos oído ladrar, mucho menos maullar o emitir cualquier otro sonido.

El trasto que conduce valientemente Gema hace entrada en Segovia un par de horas más tarde de lo previsto, y es natural si pensamos que alcanza apenas los 90 km por hora, y ello rezando todos a una.
En un recodo del laberinto urbano aparece nuestra Yone, que ha venido por su cuenta en su propio coche.

Son las 18:00 horas. Apenas tres horas para instalarnos en el hostal Hidalgo, hacer la prueba de sonido y comenzar el concierto.

La calle Carmen es un paso estrecho que parte de la misma plaza del famoso Acueducto. Una calle con aspecto de parte de atrás de “algo”. La sede de caja Segovia ocupa el edificio entero de la manzana y allí se encuentra el salón de actos donde tocaremos esta noche. Ha sido realmente difícil encontrar el sitio en el dédalo segoviano y colocar la furgoneta en el muelle de carga, frente a la puerta principal de la sala. Hasta tal punto, que para llegar a Carmen…   Read More »

CORDOBA Gig

jaen-olivares14 de junio (aprox.) de 2007

Yo sé muy bien que hay dos tipos de resaca: La resaca común y la resaca severa. Es interesante. En el primer caso uno siente cuando despierta que la cosa, aunque molesta y paralizante, será pasajera mal que bien. Requiere unos cuantos litros de té verde muy ligero, algo de acetil-salicílico (opcional) con que despejar el dolor alojado detrás del ojo, la promesa de una siesta tras una comida rica en ingredientes yang… incluso permite darle unas chupadas no más al pitillo sabiendo que al caer la tarde remitirá acaso con el revulsivo del primer sorbo de cerveza.
En el segundo caso, en la resaca severa, o resaca rigurosa, las cosas cambian. Aquí no valen los fármacos, ni las medidas paliativas. Lo primero y más sorprendente es que el dolor en la cuenca ocular no se manifiesta a pesar de que el cuerpo amanece sepultado bajo toneladas de escombro (¿?). Lo segundo, la conciencia: Sabemos que será imposible remontar y ya entonces todo queda en “suspenso” a merced de Cronos. Excepto esa conciencia, ningún órgano hará el menor movimiento o trabajo hasta nueva orden por la sencilla razón de que “adentro” no hay nadie que se lo proponga buenamente. Las pupilas, las cuerdas vocales, las articulaciones, el cerebro lógico, las tripas… Todo el organismo se encuentra replegado sobre sí mismo y así permanecerá durante largas y agónicas horas. Quizá incluso días. Es el embrutecimiento. Las personas se convierten en larvas. Si somos elegantes y sabemos sufrir, en crisálidas. Ahora ya hablamos de convalecencia en términos serios.

No quiero extenderme mucho. No quiero revivir este estado que recién he logrado superar. Gemma me ha traído un caldo de alcachofas, cebollas y miso. Será lo primero que tome en las últimas 30 horas. Más que nada para quitarme el sabor de la bilis inagotable y la baba. La cama está revuelta, con una humedad insana y caliente como de pantano. La almohada se ha vuelto de mármol blanco. A ratos siento los nervios erizados y tensos que suben desde las piernas hasta alcanzar la mandíbula. El frío y las tiritonas se vienen y van. Otras veces alcanzo una cierta paz que me permite seguir con vida apenas y entonces descabezo un sueño negro que me coloca en el limbo de la inopia hasta que me despierta de nuevo la náusea. Además de las olas de la Zurriola, oigo un cierto bullicio urbano afuera, o el eco de una radio, pero me es indiferente todo lo que no sean mis propias exequias. Como suele ser habitual tengo algún vago pensamiento erótico, y digo “habitual” porque ya he observado que este es un truco de distracción que practica el cerebro siempre que se encuentra en estado de mucho sufrimiento.

La memoria es atroz, sádica, morbosa, actúa con maldad, con delectación en la ceremonia del suplicio. ¡Ah, si! A ella le gusta hundir la hoja cortante y diseccionar a lo vivo, rajando sin piedad…
La memoria se busca a sí misma, necesita encontrarse, regresar por el mismo camino, volver al punto de partida obstinadamente. Cuando todo está entumecido, ella aún trabaja como si fuera una máquina tuneladora imparable hasta arrojar luz cegadora a las situaciones. ¿Y para qué? ¿Para qué querríamos saber?

Ha pasado un tiempo indeterminado, quizá tres o cuatro días, desde que regresé de Jaén. No sé porqué me viene esa imagen… Read More »

DERIVA al TEATRE BARTRINA. REUS.

Domingo 22 de abril, 2007
15:00 h.

En ruta.

Precisamente le estaba diciendo a Igor: “Mucho cuidado porque estos son los famosos Monegros, el azote de los automovilistas. Aquí se quedan colgados montones de coches cada año, tío… El secreto es una falsa recta que en realidad es una pendiente cuesta arriba y un clima achicharrante, y bla, bla, bla.”. De pronto Igor –que era el que conducía- ha dado un brinco en el volante.
“¡¡No me responde, no sé qué pasa!!”. He pensado que era una broma. Después le he gritado:
¡Al arcén, al arcén, lánzate al arcén!”.

Y sí, aquí estamos, a la sombra de unos pinos, en los márgenes de la autopista, a la altura de Alfajarín y recién pasada Zaragoza, esperando a la grúa que parece que tarda un poco. A cien metros la Peugeot J5 con las tripas abiertas y humeando por la culata. Los tres tumbados en esta especie de talud alfombrado de agujas de pino secas y crujientes, yo con el chaleco fluorescente reglamentario, Igor y Toni a mi lado, en silencio, mirando el cielo azul entre las ramas. No sé porqué se me han ocurrido unos versos en estos momentos. Los apunto para no perderlos:

Permaneces
Como esa triste flor cuyo nombre ignoras,
En esta lenta sucesión de “ahoras”
Que es el presente a veces.

Inmutable,
Como una mosca inmóvil contra el espejo,
En este instante detenido y perplejo
De eternidad probable.

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SALA GARUFA de La Coruña.

coruña lamarina30 de marzo 2007. Viernes.

Con un día de antelación salimos a las 9:30 de la mañana hacia La Coruña para nuestro último concierto subvencionado por Artistas en Ruta. En Carrión de los Condes, a mitad de camino entre Burgos y León paramos a comer nuestra tartera de tortilla española y beber el agua de Mondáriz que traemos. Austeridad a medida del paisaje. A nuestro lado ha pasado un jóven pastor envuelto en una manta raída y detrás de él un pequeño rebaño de ovejas buscando tal vez las alamedas del río cercano. Un grupo de rock, parado aquí, resulta una incongruencia monumental. Casi siento vergüenza. Cambiando la realidad, por un momento se impone el Siglo de Oro, y nosotros debemos ser los sucesores del retablo de Maese Pedro, sin duda.
En la ruta, me han impresionado los gigantescos viaductos de hormigón construídos sobre el Bierzo y las vertiginosas alturas que salvan, rozando apenas las laderas más vírgenes de las montañas. Hice este mismo camino en el 86, pero no recordaba nada de esto. Qué pena que España haya progresado tanto.
Por lo demás llegamos a La Coruña sin novedad, ya de atardecida. Es una visión maravillosa esta ciudad en su frente marítimo. El sol dorando los cristales de los miradores blancos, las arcadas de piedra en penumbra.
Igor y yo soñamos con nuestra primera cerveza. Toni no quiere nada. Dejando la furgoneta en cualquier lado, hemos venido a parar a la cafetería más burguesona de toda la capital a juzgar por lo que se ve, enfrente del teatro ****. Quiero fijarme bien en las caras y las maneras de estas señoras coruñesas que charlan, con su acento tan dulce y tan líquido, tomando a sorbitos tónica o una taza de café, servidas por adustos camareros uniformados, que a su vez nos vigilan a nosotros.
¡No me puedo creer que estemos de pronto en Galicia! Es extraño pensar que la vida ocurre simultáneamente “en todas partes” y que nosotros estemos ahora “de este lado” sorprendiéndola.

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Pabellón Universitario. Vitoria-Gasteiz.

28 de marzo 2007. Miércoles.
22:30 h.

“Siempre sublime no se puede ser” me dice Toni medio en bromas cuando regresamos del concierto de la Universidad de Vitoria. Yo le miro ensayando una media sonrisa que más se parece a un puchero infantil. Y es que realmente la actuación ha sido un “bluff”. Salir a un escenario es una cosa muy complicada. Con una visión superficial alguien diría que se requiere un gran ego para pisar las tablas, pero todo este ego desmesurado se sustenta en nada: pequeñas menudencias en torno a uno, supersticiones… A veces algo falla y todo se va al traste. Yo no he querido ni he podido sacar adelante el concierto. He salido al escenario con la personalidad minada por un trabajo, se diría, de zapa subterránea. Y es que en Vitoria han habido “antecedentes”, “gestos”, “circunstancias”… hechos absolutamente banales sin ninguna importancia, pero que unidos en una pu-ta ca-de-ne-ta me han dejado de rodillas y vencido. Ay… No quiero pensar en ello. La actuación ha sido una ful. Lo siento sobre todo por el público, por el poco público siberiano que había en la sala. (a pesar de la media página y la foto en la sección de cultura del Correo que ha escrito N. Artundo)

Nuestra vieja furgoneta Peugeot va recorriendo las largas rectas de Alava recién anochecida, camino de Donosti. David Soriazu, que esta noche ha tocado la guitarra en cuatro temas con DERIVA, conduce delante de nosotros su Ford Transit. Ha debido de pensar que estoy loco, o que soy un caprichoso. Lo siento, muchachos.

Cáceres. Corral de las cigüeñas

caceres21 de marzo. 2007

Por una llamada rutinaria a Cáceres, preguntando la dirección del hostal que nos han reservado, descubrimos la confusión de fechas a dos días del concierto. Desde allí me dicen que será el viernes. Yo insisto en que la cita es el sábado. Cerré este concierto para Artistas en Ruta hace meses, exactamente a mediados de diciembre, y ahora nadie está seguro de nada. De cualquier manera hay que tocar cuando el patrón del Corral de las Cigüeñas diga, pues no hay posibilidad de aplazar al día siguiente. Sale perdiendo Igor, que ha tenido que pedir el día entero libre en el trabajo, y todos nosotros en general, pues tendremos que viajar, llegar y tocar de seguido.

23 de marzo.2007
Viernes, 9 de la mañana.

Hoy estreno la furgoneta Peugeot de 6 plazas que he comprado de segunda mano a mi amigo el mecánico Javi “Doska”. Cuando llego a Larratxo a recoger a Igor y a Toni, éstos se ríen del trasto grande y oxidado que traigo conduciendo. Hacemos carga con facilidad pues la furgoneta, aunque mediana, bien pudiera contener 4 Derivas en directo. Salimos hacia las 10:00 de la mañana. La ruta es: Vitoria-Burgos-Valladolid-Salamanca y finalmente Cáceres. Tenemos por delante unos 780 kilómetros y un humor excelente.
Llegamos sin novedad a las 20:00 horas al centro de Cáceres. Luis, el patrón del Corral de las cigüeñas, que nos ha brindado todo tipo de atenciones, está atento con el móvil a nuestra entrada. Ahora nos dice que nos hemos confundido de ruta y hemos venido desde Salamanca por el antiguo puerto del Manzano (o algo así), que ya nadie toma desde que existe la autovía. ¿pero qué autovía? ¿dónde estaba la autovía?, nos preguntamos. Ya me extrañaba a mí que tuviéramos que atravesar unas aldeas tan desiertas guardadas por perros ladradores que salían al encuentro del furgón, y esa carretera llena de curvas al pie de los embalses. Eso sí, el paisaje era maravilloso, y el sol se hundió por aquellos parajes, rojo y gigante, en el espejo retrovisor.

Uno de los encargados del Corral viene a buscarnos a la glorieta donde nos encontramos. Estas son las anchas avenidas de la ciudad nueva. Con él a mi lado vamos metiendo la Peugeot por las callejas del casco antiguo espantando a los pobres transeúntes hasta llegar a la plaza de Santa María, justo a unos metros de la entrada del Corral, en la Cuesta de Aldana. Una vez más Cáceres nos admira con sus piedras viejas y sus torres llenas de cigüeñas perezosas. Por estas calles se filman películas renacentistas sin necesidad de trucar nada y parece que fuera a salir de cualquier cancela el señor de Toledo-Moctezuma con su paño negro y su golilla de gasa blanca.
Nada más llegar al corral pregunto a los camareros por Alexandra Whitaker y su niña. Les digo: ¿han visto ustedes por aquí a una chica con aspecto de guiri acompañada por una niña muy rubia de ojos azulísimos? Alexandra ya anda por aquí. Ha dejado recado de que volverá más tarde.
No tenemos tiempo de nada. Hay que montar rápidamente y acto seguido tocar. ¿ antes, puedo tomarme un güisqui… para el polvo del camino? Igor y y Toni me miran aprensivos. Tiene que ser de trago y arreando.

El Corral es un verdadero y antiguo corral a cielo abierto…   Read More »

Ultravioleta

DSC00471 Hacia las navidades del 2006 me llamó Mikel Iturria para encargarme un espectáculo para su programa ERAKUSLEIHOA. El patrón del Centro de Cultura Ernest Lluch quería que uniera poesías de Iñaki Berrio y canciones mías, añadido a “todo lo que se nos ocurriera”. Días después le llamaba para aceptar el encargo, tras haber consultado la opinión –favorable- de Iñaki. Pasé el mes de enero y febrero imaginando (en los ratos de la siesta, a la caída de la tarde, en el insomnio ocasional) cómo debería ser aquello. En los primeros días de marzo la actividad fue absorvente y definitiva.

La función, o la performance, iba cobrando forma efectiva, y pasando del mundo de lo abstracto a lo concreto. En ULTRAVIOLETA intervendrían numerosas personas en distintos apartados. Mikel Iturria se lamentó del lío en que me estaba metiendo.
En el Ernest Lluch de Anoeta, el día 15 de marzo de 2007, a las siete y diez de la tarde, todas ellas, en un admirable trabajo de equipo, (eso sí, un poco anárquico, pero eficaz) llevaron a cabo, en 57 minutos exactos, el “evento irrepetible”, delante de un público compuesto, aproximadamente, de unas 75 personas.

Este es el elenco:

Jorge Carrero: El actor profesional, el dandy, el caballero pálido, habitante de otro siglo, como escapado de una novela de Marcel Proust. De constitución delicada pero con una energía arrebatadora en la voz, leyó con maestría 12 poemas en directo ¡ sin -un- solo- error- en- absoluto! como si el lenguaje fuera una propiedad exclusivamente suya, y él, un marqués paseando atentamente por sus dominios. Unas semanas atrás había recitado los poemas frente al micrófono del estudio de Zulaika y el técnico y yo nos mirábamos admirados. En la grabación, al final de cada poema, se escucha al fondo un “¡bravo!” incontenible de mis labios. El cuaderno que trajo al espectáculo estaba todo lleno de “rayitas” y signos diminutos.
Me dijo que era una guía de acentos y silencios.

Félix Garbayo: El “otro” actor. La voz en off de las videoproyecciones que hiciera Jean Condé. Leyó 5 poemas en el estudio de Zulaika y se puso tan nervioso que no podía parar de pedir perdón por su supuesta torpeza. Y sin embargo ni él mismo sospechaba que lo que hacía era “sublime”. Hay una emoción desbordada en su voz, un timbre ambiguo (¿es mujer, es hombre?) una coloratura misteriosa… hay clarividencia, hay un arte tal en el recitado que no podía haber elegido a mejor actor para los poemas en off. Y son tan diferentes los dos actores que no puede haber conflicto de registros. Félix, además de actor aficionado, escribe poesías muy hermosas, tiene el pelo lleno de caracolas, es bohemio, lunático y buena persona.

José Puerto: Después de muchísimos años sin tocar juntos se produjo el reencuentro, y lo hizo con su guitarra eléctrica Gibson les Paul. José Puerto hizo el contrapunto a mis acordes en las siete canciones que compuse para los textos de I. Berrio. Como estaba un poco desentrenado tuvimos que cambiar las viejas cuerdas a sus guitarras con gran disgusto suyo, pues las prefiere roñosas y destempladas, pero yo le obligué haciendo el papel de hombre cabal. Hicimos tres ensayos matinales en mi local de Larratxo y su gran preocupación fue el sonido que quería conseguir. Finalmente con una gran distorsión y un pedal de vibrato de la Vox tonelab lo dejamos fijado. José Puerto es sobre todo intuitivo y libre, tiene a la guitarra ese estilo insolente y despreocupado, sangre directa del punk, que convierte lo que toca en un pasaje lleno de vida a borbotones.

Imanol Solores: acompañó al violín las siete canciones de Ultravioleta. Fue el tercer elemento del trío que montamos expresamente para el Evento. Solores es un muchacho jóven del cual me habló el profesor de violín Jorge Bruschi, como alumno aventajado suyo cuando niño. La sorpresa es que ahora toca la guitarra en un grupo de Metal, pero aún así accedió sin saber quiénes éramos nosotros, ni de qué extravagancia final se trataba. Con una sonrisa y una suavidad silenciosa permanente, se aplicó a mis notas y mis indicaciones y supo ponerle el toque Velvet a los temas. Como es músico de carrera no hay que preocuparse por él. No falla: “siempre” tiene la nota colocada en su sitio.

Mabel: Esta es la chica que siempre quedará en mi memoria resplandeciendo de blanco bajo la luz negra. Bailó un poema, ¿? un solo poema titulado “Simultáneas” flotando en el aire justo detrás de Jorge Carrero y recitado por éste mismo. Cuando el poema terminó, ella desapareció por detrás del telón de terciopelo dejando en la retina del público una mancha fosforescente. Quizá fuera sólo un sueño.

Jean Condé: Llegó de París (Francia) como Holly de Florida. Apareció en la estación de Hendaya con un trípode y dos maletas de aparatos ópticos, unos cinco días antes del Evento. Pero semanas atrás ya hablábamos por teléfono cada semana para saber uno del otro y de sus ideas, pues yo había confiado en él todo lo referente a las imágenes y la videoproyección. En su Mac traía los 5 bocetos (auténticas joyas de videoarte) montados sobre la voz del actor Félix Garbayo y sólo quedaba darles el último toque en nuestra buhardilla de Zabaleta. Además tenía que filmar en San Sebastián y montar las imágenes de I. Berrio para la presentación y el final del acto. Tenía sencillamente las horas medidas y apretadas. Había que ponerse a trabajar “casi” sin descanso. Pero Jean es profesional y lo tiene controlado. El adora una buena y animada charla frente a una botella, devorando cigarrillo tras cigarrillo. Las conversaciones con Jean nunca acabarían si no se interpusiera la madrugada de por medio. Y nunca tiene sueño. Con barba de tres días y unas sandalias a guisa de zapatillas montó en la buhardilla frente al ordenador y nunca perdió el optimismo, pese a dormir apenas 5 horas por noche. Su visión de las cosas fue definitiva para llevar a cabo Ultravioleta.

Iñaki de Lucas: Fue el técnico de sonido y factótum del espectáculo. Apenas pisó la sala y ya se sabía el guión de Ultravioleta mejor que nadie. Tomó más responsabilidades de las que se le podían pedir y eso demuestra su gran generosidad. Todo funcionó OK: con de Lucas no puede ser de otra forma, y los que le conocen, lo saben.

Eneka (y Clara) Esta pareja con la que ya había colaborado en la presentación de mi videoclip (veáse el blog del Ondarra) y en la actuación de la Universidad de San Sebastián, pusieron parte del equipo de video y de proyección y Eneka hizo de brazo derecho necesario de Jean Condé. Qué pena que Clara no pudo llegar sino al final del Evento.

Cruz Larrañeta: La fotógrafa del pop y el rock de Donosti por excelencia. A las órdenes de Jean, Cruz filmó el ensayo general (la italiana como dicen los del oficio) y filmó el espectáculo con una cámara móvil, mientras Eneka controlaba otra fija. Sacó fotografías y nos trajo a su niño Samuel enfurruñado la tarde anterior al Evento. Ambas cintas están en París ahora, a la espera de que Jean confeccione un montaje.

Fidel: Técnico de luces de la sala. Fidel había venido para montar y encender un equipo de luz y se encontró con un fulano como yo que le estaba preparando un listado de ¡27 escenas diferentes que se sucedían consecutivamente y sin solución de continuidad! 27 puntos que debían ir sincronizados, uno tras otro, con las imágenes, las canciones, la lectura en directo, etc, etc. Al principio me odió. Luego creo que se sintió satisfecho, al decir de Jean, que era el que “cantaba” las escenas y dirigía la línea de técnicos.

Juan Zulaika: Patrón del estudio “La ventana indiscreta”, en el corazón del barrio del Antiguo. El se encargó de grabar a los actores semanas antes del evento, editar las voces, convertir los formatos para Jean, etc, etc. Zulaika es un hombre cuya característica principal es la eficiencia, la solvencia. Y no está nada mal en un mundo lleno de personas negligentes.

Gemma Amiama: Ella se encargó de pasar al ordenador la versión definitiva de los poemas, uno tras otro hasta 25, y más tarde, -cuando monté la maqueta del librito y encargué las fotocopias-, de hacer los plegados de las hojas, atinar con la grapadora, grapar, y, finalmente, estamPAR con un golpe de puño el sello de la portada. Gemma hizo estas operaciones y dio forma a la mayoría de los 100 ejemplares que hicimos de Ultravioleta en formato “plaquette”, y que luego regalamos en la entrada al público asistente al Evento.
La plaquette Ultravioleta es un librito de unas treinta páginas fotocopiadas más una hoja suelta y manuscrita con 26 poemas de Iñaki Berrio.
Gemma Amiama también hizo “catering” vegetariano en las horas duras de Jean montando en Zabaleta, y aportó cuando quiso sus ideas y su humor bullanguero.

Sophie Benoits: la mujer de Jean Condé, que llegó a San Sebastián el día anterior y llegó desde París-Montparnasse hasta la mismísima puerta del Ernest Lluch ¡casi sin poner el pie en el suelo! … gracias al topo.
En silencio e invisible en la zona de atrás, sus grandes ojos azules miraban todo lo que ocurría delante y detrás del escenario y, estoy seguro, nada se le ocultaba a su inteligencia. Con ella, Jean obtuvo en Donosti un cariño digamos que suplementario.

Nieves Berrio: mi hermana, que viajó desde su instituto en Tudela, donde enseña gramática a los chicos malos de la ESO, expresamente para ver Ultravioleta, y nos reprochó que no hiciéramos ninguna mención a su persona en las imágenes familiares que Jean filmó en la casa de mi madre. La noche acabó a hostias y a ella le tocó en nuestro bando. Cuando los bares cerraron, bebimos hasta la madrugada en Zabaleta.

Karmele: La segunda de a bordo en el Ernest Lluch, alter ego de Mikel Iturria. Ella supo tener la paciencia de asistirnos y darnos paso aquí y allá con nuestras exigencias. Supo hacer la vista gorda si vió alguna cerveza derramada por el suelo en las pruebas o algún farias apagado y abandonado en una esquina. Distribuyó la plaquette en la entrada. Se ocupó del papeleo. Nos dio bocadillos fríos de anchoa y mayonesa al término.

Mikel Iturria: El promotor de todo esto, incluso indirectamente, de las desavenencias familiares. Gracias por confiarnos la oportunidad y el dinero.